Roemmers SAN SAGE

Servicio de Gastroenterología del Hospital Dr. Carlos Bonorino Udaondo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
V. Caseros 2061. Capital Federal (1264) - Buenos Aires
TE: (54-11) 4306-4641 al 49

Residencia Clínica
Residencia Cirugía
Diagnóstico por imágenes
Emergencias (Guardia)
Diagnóstico y Tratamiento
Anatomía Patológica
Endoscopia Digestiva
Terapia Intensiva
Esófago - Estómago
Colonoscopía
Medicina Interna
Infectología
Tomografía
Proctología
Oncología
Intestino
Anestesia
Motilidad
Cirugía
Páncreas
 

HISTORIA DEL HOSPITAL DR. CARLOS BONORINO UDAONDO

Resumen
El Hospital Nacional de Gastroenterología Dr. Carlos Bonorino Udaondo cumple 50 años de vida. Su origen se remonta al Dispensario Nacional para Enfermedades del Aparato Digestivo inaugurado el 1 de agosto de 1938.
Las actividades desplegadas por su fundador y sus discípulos son recordadas, hasta el traslado de la Institución en el edificio de la calle Caseros 2061 (Buenos Aires). La obra realizada ha contribuído al nacimiento y desarrollo de la gastroenterología argentina y a la formación de un gran número de especialistas.


Su Orígen, El Dispensario, Su Fundador
El Hospital Nacional de Gastroenterología tiene su orígen en el Dispensario Nacional para Enfermedades del Aparato Digestivo que fuera inaugurado hace cincuenta años el 1 de agosto de 1938.
El dispensario fue proyectado por la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales que dependía del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. Entre los integrantes de esa Comisión figuraban los Dres. Nicolás Lozano, Mario R. Castex, Carlos Bonorino Udaondo, Máximo Castro, Alejandro Raimondi y Juan Jacobo Spangenberg.
El proyecto de la fundación del dispensario contó con el apoyo del Poder Ejecutivo y fue incluído en el presupuesto de la Nación. Una vieja casona, de las denominadas ¨petit hotel¨, ubicada en la calle Tucumán 1978 de la Capital Federal, sirvió de sede al flamante dispensario.
El acto de inauguración contó con la asistencia del Ministro de Relaciones Exteriores y Culto Dr. José Cantilo, el Subsecretario de Culto y Beneficencia Dr. Raúl J. Ungaro, el Obispo de Temnos Miguel de Andrea, altos funcionarios, médicos y numerosas damas de la Sociedad de Beneficencia.
El flamante Director que dirigía las actividades, fue puesto oficialmente en sus funciones. El Obispo de Temnos Monseñor de Andrea, después de unas breves palabras, bendijo el edificio y las instalaciones. El Dr. José María Cantilo declaró el dispensario inaugurado y destacó la importancia de las actividades que se desarrollarán. El Dr. Carlos Bonorino Udaondo puso de manifiesto la importancia de las nuevas instalaciones para la atención gratuita de pacientes con enfermedades digestivas y la formación de profesionales.
La gastroenterología argentina recibe, a partir de la fundación del dispensario un gran impulso a través de la actividad, desplegada por su director y discípulos. La incorporación de nuevas técnicas de laboratorio, radiología y endoscopía, hicieron que la institución fuera pionera y lugar de referencia. La necesidad de un entrenamiento en los medios diagnósticos cada vez mayor hizo que la gastroenterología fuera considerada como una especialidad.
El Dr. Carlos Bonorino Udaondo, cuentan sus discípulos, era el primero en llegar y el úlgimo en retirarse. Su influencia se sentía en todos los Servicios, pero la actividad que lo mostraba con mayor notoriedad era ante el enfermo. Era un gran semiólogo, personalmente levantaba sus historias clínicas, la anamnesis era junto con el exámen físico partes muy importantes para llegar al diagnóstico.
Sus colaboradores directos recuerdan con gran cariño que el cuerpo medico que presidia era como una gran familia. Los problemas se solucionaban en forma conjunta y el Dr. Carlos Bonorino Udaondo con su natural modestia, aconsejaba y ayudaba a resolverlos, poniendo de manifiesto sus condiciones personales, tanto en el nivel científico como humano.
En el terreno científico nadie puede negar que el nacimiento de la gastroenterología argentina está estrechamente unido a su nombre. Realizó y estimuló la investigación. Todos los días, a media mañana, los discípulos se reunían en su despacho y comentaban casos clínicos. Estas reuniones resultaron inolvidables para sus discípulos directos, no sólo por lo mucho que se aprendía de medicina sino porque con frecuencia se hablaba de arte, historia o filosofía, lo que contribuía a dar a la medicina un sentido humanístico. Recuerda el Dr. Arturo Richieri de esas reunions: ¨…las agudas observaciones de Carulla, las chispeantes y ocurrentes de Centeno y los juicios de Bonorino Udaondo sobre pintura francesa del siglo XIX de la cual era un experto, y de la que tenía una colección de cuadros, con los que nos deleitábamos cuando concurríamos a su casa de la calle Guido.¨ En su casa, era también donde se distribuían los temas para futuros trabajos y en donde se programaban las giras de divulgación científica.
Se lo recuerda también como el amigo, indulgente con los errores y generoso en la apreciación del trabajo de sus discípulos.
Si bien fue un precursor de la especialidad, tenía una formación médica general y una cultura humanística superior. La especialidad no lo llevó a encerrarse dentro de ciertos límites. Su biblioteca personal, legada al Hospital, lo pone de manifiesto, por el número importante de obras (2.770 volúmenes) y la gran variedad de temas.

Actividades del dispensario.
Los primeros colaboradores

Larga es la lista de los que desempeñaron actividades en el dispensario y la que daremos no pretende ser completa. Entre los fallecidos tenemos a Angel C. Centeno, Oscar J. Cerviño, Homero Repetto, Guillermo P. Goñalons, Francisco Manrique, Naun Chertkelf, Rafael H. Quisu, Andrés López García, Raúl Perazzo, etc.
La labor del Dr. Raúl Perazzo, a quien llegamos a conocer, merece el recuerdo agradecido, porque pertenece a esos médicos que con modestia, realizaron una actividad tesonera y constante sin la cual la actividad de otros que se destacaron no hubiera sido possible. Conocedor de los laberintos de oficinas del Ministerio agilizaba personalmente los trámites y hacía posible que muchas cosas no terminaran extinguiéndose por la burocracia. Cuidaba a la institución como a su casa. Esta anécdota lo pinta: en un día de viento llamar al Hospítal para ver si las ventanas que tenían vidrios y que podían romperse, estaban cerradas; o cuando se requería sangre en el banco, ir a la hora de visita hablar con los amigos y familiares del paciente y hacerles tomar conciencia que una forma de demostrar querer al paciente es donando sangre. Habría muchas otras anécdotas que contar.
Muy pocos discípulos de la primera hora viven, entre los que recordamos al Dr. Arturo Portela y el Dr. Manuel Ramos Mejía incorporado pocos años después.
El Dr. Arturo Richieri conoció al Dr. Carlos Bonorino Udaondo siendo estudiante de semiología de la Facultad de Medicina de Buenos Aires. Bonorino Udaondo era professor suplente. Después fue practicante en la Sala 12 del Hospital Ramos Mejía en donde el Dr. Carlos Bonorino Udaondo era Jefe. Este también fue quien le tomó el juramento de médico cuando el maestro era Decano de la Facultad de Medicina. El Dr. Richieri fue ayudante de la Cátedra en el Hospital de Clínicas. Posteriormente lo siguió a Bonorino Udaondo en su actuación en el Hospital Durand, hasta integrarse en el cuerpo médico del dispensario que nos ocupa. Años más tarde ocupó la Jefatura de Clínica demostrando su interés centrado en el enfermo con un gran sentido humanístico y cristiano de la vida.
El Dr. Pedro Abel Maisa se destacó en el campo de la radiología y formó médicos en la especialidad entre los que se destacó el Dr. Victoriano D´Alloto.
El Dr. Manuel Ramos Mejía está también entre los que secundaron al Dr. Carlos Bonorino Udaondo desde el dispensario. Su tesonera labor lo llevó a ocupar años más tarde la Dirección del Instituto de Gastroenterología. Muchos de los que hoy son responsables de la conducción del Hospital han sido sus discípulos.
El dispensario fue ganando prestigio nacional e internacional. Médicos becarios y otros, directamente vinieron a recibir enseñanzas. Numerosas figuras de prestigio nacional e internacional pasaron por el mismo. Cabe señalar entre estas personalidades a Francois Moutier y René Gutman de Francia, Giménez Días y Marañón de España, Bockus y Bargen de Estados Unidos, Mariano R. Castex, Bernardo Houssay, Gregorio Aráoz Alfaro, el reverendo padre Dr. José A. de Laburu, Alejandro Ceballos, Enrique y Ricardo Finochietto, Pablo Mirizzi, Temístocles Castellanos, y muchos otros.
Se organizaron cursos gratuitos para médicos y estudiantes, giras de divulgación científica a las provincias con el objeto de promover un mejor conocimiento de la patología digestiva. Entre estas reuniones cabe destacar las Jornadas Panamericanas de Gastroenterología (la primera) que fue presidida por Carlos Bonorino Udaondo en Buenos Aires (1948). Dos años después, se realizaron las segundas jornadas en Sao Paulo y Río de Janeiro que contó con una importante delegación argentina presidida por Carlos Bonorino Udaondo.
El dispensario adolecía de la carencia de lugar para la atención de casos quirúrgicos. Estos eran derivados a los Servicios de los profesores Ricardo Finochietto y Oscar Copello en el Hospital Rawson, siendo los cirujanos de enlace los Dres. Néstor B. Turco, Roberto Gárriz y Emilio Etala. El Dr. Adrián Jacobo Bengolea del Hospital Rivadavia también colaboraba en la atención de algunos pacientes.
El prestigio ganado, el número importante de pacientes y la necesidad de proveerlo de un Servicio de Cirugía llevaron a pasarlo a la categoría de instituto.

El traslado a la calle Caseros.
Muerte de su fundador

Por decreto del Poder Ejecutivo Nacional de 1947 se eleva a la categoría de Instituto de Gastroenterología, creándose al mismo tiempo el turno de la tarde y nombrando como Director al Dr. Carlos Bonorino Udaondo y como Subdirector al Dr. Manuel A. Casal.
El Dr. Manuel Casal fue el encargado de organizar el establecimiento en la calle Caseros 2061, el que contaría con internación y las dependencias necesarias que el dispensario para enfermedades digestivas de la calle Tucumán carecía.
El nuevo edificio correspondía al pabellón A del Hospital Central para Tuberculosos que con anterioridad correpondía al Hospital Militar (area destinada a la oficialidad). Cuando el Dr. Manuel Casal comenzó su tarea, todo estaba por hacerse, su tesonero esfuerzo de los años jóvenes, lo llevó desde la tarea de ir trasladando los pacientes tuberculosos internados hasta acondicionar los multiples detalles para su funcionamiento.
El dispensario coexistió junto con el nuevo edificio hasta la muerte de su fundador en 1952. Pero en el año 1948 el Dr. Manuel Casal es designado Director del Establecimiento mientras el Dr. Carlos Bonorino Udaondo era designado Director Nacional de Gastroenterología. Esta designación apuntaba a la realización de un ambicioso plan. La Dirección de Gastroenterología (Resol. Minis. 7.926/48) especificaba entre otras cosas en su art. 1 que: tenía como finalidad estudiar y propiciar soluciones vinculadas con la profilaxis y asistencia de pacientes con enfermedades del aparato digestivo; promover, organizar y dirigir la creación y funcionamiento de Institutos y Establecimientos de la especialidad; promover la realización de congresos, cursos, etc. Esta labor ocupó los últimos años del Dr. Carlos Bonorino Udaondo, llegando a formar centros en Tucumán y
Rosario, pero la muerte en el año 1951 dejó trunca esta iniciativa. A causa de un cancer de pulmón, el día 15 de noviembre de 1951 le sorprende la muerte cuando preparaba su viaje para concurrir a un congreso en Méjico.
Después del fallecimiento del Dr. Carlos Bonorino Udaondo, toda la actividad se concentra en el edificio de la calle Caseros, y en el año 1952 el Ministerio de Salud Pública resuelve designarlo con el nombre de quien fuera su ilustre fundador.


Las primeras actividades en la calle Caseros 2061
El Dr. Manuel Casal logra organizar la planta baja, el 1ro. y 2do. piso de la nueva sede.
La actividad quirúrgica se ve prestigiada con la presencia del Dr. Soupoult de París (1948-1951). Entre algunos datos que nos ha llegado (Dr. Buquet), señalaremos que las primeras vagotomías tronculares en nuestro medio se realizaron en el Hospital cuando todavía primaba la tendencia reseccionista.
El Dr. Casal no sólo se ocupó de la cuestión edilicia, sino también de la organización científica y del personal, ya que el area quirúrgica era completamente nueva.
A comienzo del año 1952 sale el primer número de la revista Gastroenterología (trimestral) con artículos, entre otros, de los Dres. Ricardo Finochietto, José Urrutia, Victorino D`Alloto y Manuel Ramos Mejía. A través de ese número conocemos los integrantes del Hospital. El Departamento de Cirugía contaba como Jefe al Dr. Mario Padilla y como Subjefe a los Dres. Jorge Buquet y Pedro Cotella, y en el plante de cirujanos los Dres. Atilio Iorio, Emilio Chattas, Marcos Maur y Jaime Bawnik. En el Departamento de Proctología como jefe el Dr. Pedro Chimondagy y el subjefe el Dr. Alfonso Fraise. El Departamento de Radiología contaba como Jefe al Dr. Victorino D`Alloto y como subjefe al Dr. Pedro Scorza. Laboratorio como Jefe al Dr. José J. Vilella y como subjefe a la bioquímica Elida Yaquino. El Departamento de Clínica contaba como Jefe del 1er. piso al Dr. José A. Coppola y como subjefe al Dr. Roberto O. Jaime; y en el 2do piso el Jefe era el Dr. Manuel Ramos Mejía y el subjefe el Dr. Carlos A. Callastegui.
El Dr. Casal era un medico joven, con empuje, y en gran parte la tarea de la organización del Instituto en Caseros 2061 fue obra de él, pero no gozaba por aquel entonces del prestigio que ganara en su trayectoria médica. El Instituto había Ganado notoriedad y era un lugar codiciado. En Julio de 1952, las autoridades de aquel entonces, designan al Dr. Guillermo Belchor Costa como Director, cargo que ocupa hasta el año 1955. Cirujano, formado en la escuela de Finochietto, del que se recuerda su firme autoridad. En su actividad se destacó en el campo de la proctología con el que se formaron quienes posteriormente siguieron en el Hospital. Amplió las instalaciones del Hospital, sobre todo el 3er. piso con nuevas salas de operaciones y de internación.
Después de la revolución de 1955 asume como Director el Dr. Marcelo Royer quien trae al Instituto gente joven y progresista como los Dres. Pablo A. Mazure, Luis Colombato, Samuel Kohan y Mauricio Schaier. Es de destacar que por iniciativa del Dr. Royer se da empuje a la investigación clínica y de laboratorio. La colangiografía transparietohepática se desarrolló en el Hospital, pero esta técnica tuvo sus detractores entre sus pares por el riesgo que significaba. Hoy esta técnica, mejorada, nos viene como una novedad del extranjero y pocos recuerdan al pionero que comenzó a realizarlas en la Argentina. Las desavenencias entre el grupo de Royer y los que venían de la primera época de Bonorino Udaondo fue la razón no escrita por la que el grupo de Royer se alejó del Hospital.
En 1958 es designado director el Dr. Manuel Ramos Mejía quien desarrolla una actividad clínica importante. Por este tiempo el Ministerio implanta las becas con alojamiento, destinadas principalmente a profesionales del interior, para la formación gastroenterológica tanto en clínica como cirugía. Este es el antecedente inmediato de lo que serían más tarde las residencias médicas.
La historia que sigue es muy reciente, por lo que únicamente señalaremos los directores del Hospital. Al jubilarse el Dr. Manuel Ramos Mejía assume la dirección el Dr. Pedro Cotella (1969-73), le sigue el Dr. Carlos Méndez (1973-76); Victoriano D`Alloto (1976-78); Alfonso Marcelo Fraise (1978-85); Aldo Augusto Copello (Int.) (1985-86) y el actual director Dr. Ramón M. Pando.
La Institución recibió diversas denominaciones a través del tiempo y de acuerdo a interpretaciones o influencias del momento: comenzando por el de Dispensario Público Nacional para Enfermedades del Aparato Digestivo; Instituto Nacional de Gastroenterología (R.M. Nro. 700 del 22-1-47); Instituto Bonorino Udaondo (R.M. 2890 del 9-10-52); Instituto Regional de Gastroenterología (R.M. 4890 del 9-12-52); Centro de Gastroenterología (R.M. 3878 del 16-12-57); y su última designación Hospital Nacional de Gastroenterología Dr. Carlos Bonorino Udaondo (R.M. 915 del 17-9-63) y se lo clasifica como establecimiento de 1ra. Categoría.
Largo sería de señalar las vicisitudes que debieron soportarse por parte de intereses que querían el desmembramiento o desaparición del Hospital. El prestigio ganado y el conjunto de su personal formando una barrera invencible lo impidieron. Al contrario, al ser disuelto el vecino Instituto del Tórax y al considerarse la situación irreversible, el Hospital de Gastroenterología ocupa el edificio instalando en el mismo el area quirúrgica y consultorios externos (pabellón B). El edificio primitivo pasa a ser el pabellón A destinado principalmente a la internación clínica, diagnóstico por imágenes, laboratorio y patología.
El Hospital Nacional de Gastroenterología, pese a ser un Hospital monovalente, se ha sostenido a través del tiempo por lo que es su mayor riqueza: la patología, destacable por su número y variedad. Esto ha hecho, desde sus orígenes, que fuera una Institución codiciada en la formación de los gastroenterólogos. Puede decirse, con orgullo, que hay un buen número de gastroenterólogos latinoamericanos formados en el Hospital, y que no menos de la mitad de los que se dedican a la gastroenterología en el país han pasado por él, ya sea integrando sus filas de profesionales, o como becarios, residentes, concurrentes o asistiendo a los cursos que se dictan.
Hemos querido a través de esta breve historia de las primeras décadas del Hospital, rendir un homenaje a todos los que contribuyeron e hicieron posible esta obra: médicos, bioquímicos, farmacéuticos, a la que se suma la valiosa labor de las enfermeras, personal administrativo y de maestranza.
Para todos ellos el reconocimiento y el compromiso que nos compete por el legado recibido.

Referencias
Este trabajo fue efectuado con datos obtenidos de los archivos del Hospital y de la información suministrada especialmente por los Dres. Arturo Richieri, Manuel Casal y Emilio Chattas, a quienes agradecemos su colaboración.

Dr. Fernando Galindo
Jefe de Cirugía
Docente Autorizado de Cirugía (U.B.A.)
Escrito en el año 1988