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HISTORIA DEL HOSPITAL DR. CARLOS BONORINO
UDAONDO
Resumen
El Hospital Nacional de Gastroenterología Dr. Carlos Bonorino
Udaondo cumple 50 años de vida. Su origen se remonta al Dispensario
Nacional para Enfermedades del Aparato Digestivo inaugurado el 1
de agosto de 1938.
Las actividades desplegadas por su fundador y sus discípulos
son recordadas, hasta el traslado de la Institución en el
edificio de la calle Caseros 2061 (Buenos Aires). La obra realizada
ha contribuído al nacimiento y desarrollo de la gastroenterología
argentina y a la formación de un gran número de especialistas.
Su Orígen, El Dispensario, Su Fundador
El Hospital Nacional de Gastroenterología tiene su orígen
en el Dispensario Nacional para Enfermedades del Aparato Digestivo
que fuera inaugurado hace cincuenta años el 1 de agosto de
1938.
El dispensario fue proyectado por la Comisión Asesora de
Asilos y Hospitales Regionales que dependía del Ministerio
de Relaciones Exteriores y Culto. Entre los integrantes de esa Comisión
figuraban los Dres. Nicolás Lozano, Mario R. Castex, Carlos
Bonorino Udaondo, Máximo Castro, Alejandro Raimondi y Juan
Jacobo Spangenberg.
El proyecto de la fundación del dispensario contó
con el apoyo del Poder Ejecutivo y fue incluído en el presupuesto
de la Nación. Una vieja casona, de las denominadas ¨petit
hotel¨, ubicada en la calle Tucumán 1978 de la Capital
Federal, sirvió de sede al flamante dispensario.
El acto de inauguración contó con la asistencia del
Ministro de Relaciones Exteriores y Culto Dr. José Cantilo,
el Subsecretario de Culto y Beneficencia Dr. Raúl J. Ungaro,
el Obispo de Temnos Miguel de Andrea, altos funcionarios, médicos
y numerosas damas de la Sociedad de Beneficencia.
El flamante Director que dirigía las actividades, fue puesto
oficialmente en sus funciones. El Obispo de Temnos Monseñor
de Andrea, después de unas breves palabras, bendijo el edificio
y las instalaciones. El Dr. José María Cantilo declaró
el dispensario inaugurado y destacó la importancia de las
actividades que se desarrollarán. El Dr. Carlos Bonorino
Udaondo puso de manifiesto la importancia de las nuevas instalaciones
para la atención gratuita de pacientes con enfermedades digestivas
y la formación de profesionales.
La gastroenterología argentina recibe, a partir de la fundación
del dispensario un gran impulso a través de la actividad,
desplegada por su director y discípulos. La incorporación
de nuevas técnicas de laboratorio, radiología y endoscopía,
hicieron que la institución fuera pionera y lugar de referencia.
La necesidad de un entrenamiento en los medios diagnósticos
cada vez mayor hizo que la gastroenterología fuera considerada
como una especialidad.
El Dr. Carlos Bonorino Udaondo, cuentan sus discípulos, era
el primero en llegar y el úlgimo en retirarse. Su influencia
se sentía en todos los Servicios, pero la actividad que lo
mostraba con mayor notoriedad era ante el enfermo. Era un gran semiólogo,
personalmente levantaba sus historias clínicas, la anamnesis
era junto con el exámen físico partes muy importantes
para llegar al diagnóstico.
Sus colaboradores directos recuerdan con gran cariño que
el cuerpo medico que presidia era como una gran familia. Los problemas
se solucionaban en forma conjunta y el Dr. Carlos Bonorino Udaondo
con su natural modestia, aconsejaba y ayudaba a resolverlos, poniendo
de manifiesto sus condiciones personales, tanto en el nivel científico
como humano.
En el terreno científico nadie puede negar que el nacimiento
de la gastroenterología argentina está estrechamente
unido a su nombre. Realizó y estimuló la investigación.
Todos los días, a media mañana, los discípulos
se reunían en su despacho y comentaban casos clínicos.
Estas reuniones resultaron inolvidables para sus discípulos
directos, no sólo por lo mucho que se aprendía de
medicina sino porque con frecuencia se hablaba de arte, historia
o filosofía, lo que contribuía a dar a la medicina
un sentido humanístico. Recuerda el Dr. Arturo Richieri de
esas reunions: ¨…las agudas observaciones de Carulla,
las chispeantes y ocurrentes de Centeno y los juicios de Bonorino
Udaondo sobre pintura francesa del siglo XIX de la cual era un experto,
y de la que tenía una colección de cuadros, con los
que nos deleitábamos cuando concurríamos a su casa
de la calle Guido.¨ En su casa, era también donde se
distribuían los temas para futuros trabajos y en donde se
programaban las giras de divulgación científica.
Se lo recuerda también como el amigo, indulgente con los
errores y generoso en la apreciación del trabajo de sus discípulos.
Si bien fue un precursor de la especialidad, tenía una formación
médica general y una cultura humanística superior.
La especialidad no lo llevó a encerrarse dentro de ciertos
límites. Su biblioteca personal, legada al Hospital, lo pone
de manifiesto, por el número importante de obras (2.770 volúmenes)
y la gran variedad de temas.
Actividades del dispensario.
Los primeros colaboradores
Larga es la lista de los que desempeñaron actividades en
el dispensario y la que daremos no pretende ser completa. Entre
los fallecidos tenemos a Angel C. Centeno, Oscar J. Cerviño,
Homero Repetto, Guillermo P. Goñalons, Francisco Manrique,
Naun Chertkelf, Rafael H. Quisu, Andrés López García,
Raúl Perazzo, etc.
La labor del Dr. Raúl Perazzo, a quien llegamos a conocer,
merece el recuerdo agradecido, porque pertenece a esos médicos
que con modestia, realizaron una actividad tesonera y constante
sin la cual la actividad de otros que se destacaron no hubiera sido
possible. Conocedor de los laberintos de oficinas del Ministerio
agilizaba personalmente los trámites y hacía posible
que muchas cosas no terminaran extinguiéndose por la burocracia.
Cuidaba a la institución como a su casa. Esta anécdota
lo pinta: en un día de viento llamar al Hospítal para
ver si las ventanas que tenían vidrios y que podían
romperse, estaban cerradas; o cuando se requería sangre en
el banco, ir a la hora de visita hablar con los amigos y familiares
del paciente y hacerles tomar conciencia que una forma de demostrar
querer al paciente es donando sangre. Habría muchas otras
anécdotas que contar.
Muy pocos discípulos de la primera hora viven, entre los
que recordamos al Dr. Arturo Portela y el Dr. Manuel Ramos Mejía
incorporado pocos años después.
El Dr. Arturo Richieri conoció al Dr. Carlos Bonorino Udaondo
siendo estudiante de semiología de la Facultad de Medicina
de Buenos Aires. Bonorino Udaondo era professor suplente. Después
fue practicante en la Sala 12 del Hospital Ramos Mejía en
donde el Dr. Carlos Bonorino Udaondo era Jefe. Este también
fue quien le tomó el juramento de médico cuando el
maestro era Decano de la Facultad de Medicina. El Dr. Richieri fue
ayudante de la Cátedra en el Hospital de Clínicas.
Posteriormente lo siguió a Bonorino Udaondo en su actuación
en el Hospital Durand, hasta integrarse en el cuerpo médico
del dispensario que nos ocupa. Años más tarde ocupó
la Jefatura de Clínica demostrando su interés centrado
en el enfermo con un gran sentido humanístico y cristiano
de la vida.
El Dr. Pedro Abel Maisa se destacó en el campo de la radiología
y formó médicos en la especialidad entre los que se
destacó el Dr. Victoriano D´Alloto.
El Dr. Manuel Ramos Mejía está también entre
los que secundaron al Dr. Carlos Bonorino Udaondo desde el dispensario.
Su tesonera labor lo llevó a ocupar años más
tarde la Dirección del Instituto de Gastroenterología.
Muchos de los que hoy son responsables de la conducción del
Hospital han sido sus discípulos.
El dispensario fue ganando prestigio nacional e internacional. Médicos
becarios y otros, directamente vinieron a recibir enseñanzas.
Numerosas figuras de prestigio nacional e internacional pasaron
por el mismo. Cabe señalar entre estas personalidades a Francois
Moutier y René Gutman de Francia, Giménez Días
y Marañón de España, Bockus y Bargen de Estados
Unidos, Mariano R. Castex, Bernardo Houssay, Gregorio Aráoz
Alfaro, el reverendo padre Dr. José A. de Laburu, Alejandro
Ceballos, Enrique y Ricardo Finochietto, Pablo Mirizzi, Temístocles
Castellanos, y muchos otros.
Se organizaron cursos gratuitos para médicos y estudiantes,
giras de divulgación científica a las provincias con
el objeto de promover un mejor conocimiento de la patología
digestiva. Entre estas reuniones cabe destacar las Jornadas Panamericanas
de Gastroenterología (la primera) que fue presidida por Carlos
Bonorino Udaondo en Buenos Aires (1948). Dos años después,
se realizaron las segundas jornadas en Sao Paulo y Río de
Janeiro que contó con una importante delegación argentina
presidida por Carlos Bonorino Udaondo.
El dispensario adolecía de la carencia de lugar para la atención
de casos quirúrgicos. Estos eran derivados a los Servicios
de los profesores Ricardo Finochietto y Oscar Copello en el Hospital
Rawson, siendo los cirujanos de enlace los Dres. Néstor B.
Turco, Roberto Gárriz y Emilio Etala. El Dr. Adrián
Jacobo Bengolea del Hospital Rivadavia también colaboraba
en la atención de algunos pacientes.
El prestigio ganado, el número importante de pacientes y
la necesidad de proveerlo de un Servicio de Cirugía llevaron
a pasarlo a la categoría de instituto.
El traslado a la calle Caseros.
Muerte de su fundador
Por decreto del Poder Ejecutivo Nacional de 1947 se eleva a la categoría
de Instituto de Gastroenterología, creándose al mismo
tiempo el turno de la tarde y nombrando como Director al Dr. Carlos
Bonorino Udaondo y como Subdirector al Dr. Manuel A. Casal.
El Dr. Manuel Casal fue el encargado de organizar el establecimiento
en la calle Caseros 2061, el que contaría con internación
y las dependencias necesarias que el dispensario para enfermedades
digestivas de la calle Tucumán carecía.
El nuevo edificio correspondía al pabellón A del Hospital
Central para Tuberculosos que con anterioridad correpondía
al Hospital Militar (area destinada a la oficialidad). Cuando el
Dr. Manuel Casal comenzó su tarea, todo estaba por hacerse,
su tesonero esfuerzo de los años jóvenes, lo llevó
desde la tarea de ir trasladando los pacientes tuberculosos internados
hasta acondicionar los multiples detalles para su funcionamiento.
El dispensario coexistió junto con el nuevo edificio hasta
la muerte de su fundador en 1952. Pero en el año 1948 el
Dr. Manuel Casal es designado Director del Establecimiento mientras
el Dr. Carlos Bonorino Udaondo era designado Director Nacional de
Gastroenterología. Esta designación apuntaba a la
realización de un ambicioso plan. La Dirección de
Gastroenterología (Resol. Minis. 7.926/48) especificaba entre
otras cosas en su art. 1 que: tenía como finalidad estudiar
y propiciar soluciones vinculadas con la profilaxis y asistencia
de pacientes con enfermedades del aparato digestivo; promover, organizar
y dirigir la creación y funcionamiento de Institutos y Establecimientos
de la especialidad; promover la realización de congresos,
cursos, etc. Esta labor ocupó los últimos años
del Dr. Carlos Bonorino Udaondo, llegando a formar centros en Tucumán
y
Rosario, pero la muerte en el año 1951 dejó trunca
esta iniciativa. A causa de un cancer de pulmón, el día
15 de noviembre de 1951 le sorprende la muerte cuando preparaba
su viaje para concurrir a un congreso en Méjico.
Después del fallecimiento del Dr. Carlos Bonorino Udaondo,
toda la actividad se concentra en el edificio de la calle Caseros,
y en el año 1952 el Ministerio de Salud Pública resuelve
designarlo con el nombre de quien fuera su ilustre fundador.
Las primeras actividades en la calle Caseros 2061
El Dr. Manuel Casal logra organizar la planta baja, el 1ro. y 2do.
piso de la nueva sede.
La actividad quirúrgica se ve prestigiada con la presencia
del Dr. Soupoult de París (1948-1951). Entre algunos datos
que nos ha llegado (Dr. Buquet), señalaremos que las primeras
vagotomías tronculares en nuestro medio se realizaron en
el Hospital cuando todavía primaba la tendencia reseccionista.
El Dr. Casal no sólo se ocupó de la cuestión
edilicia, sino también de la organización científica
y del personal, ya que el area quirúrgica era completamente
nueva.
A comienzo del año 1952 sale el primer número de la
revista Gastroenterología (trimestral) con artículos,
entre otros, de los Dres. Ricardo Finochietto, José Urrutia,
Victorino D`Alloto y Manuel Ramos Mejía. A través
de ese número conocemos los integrantes del Hospital. El
Departamento de Cirugía contaba como Jefe al Dr. Mario Padilla
y como Subjefe a los Dres. Jorge Buquet y Pedro Cotella, y en el
plante de cirujanos los Dres. Atilio Iorio, Emilio Chattas, Marcos
Maur y Jaime Bawnik. En el Departamento de Proctología como
jefe el Dr. Pedro Chimondagy y el subjefe el Dr. Alfonso Fraise.
El Departamento de Radiología contaba como Jefe al Dr. Victorino
D`Alloto y como subjefe al Dr. Pedro Scorza. Laboratorio como Jefe
al Dr. José J. Vilella y como subjefe a la bioquímica
Elida Yaquino. El Departamento de Clínica contaba como Jefe
del 1er. piso al Dr. José A. Coppola y como subjefe al Dr.
Roberto O. Jaime; y en el 2do piso el Jefe era el Dr. Manuel Ramos
Mejía y el subjefe el Dr. Carlos A. Callastegui.
El Dr. Casal era un medico joven, con empuje, y en gran parte la
tarea de la organización del Instituto en Caseros 2061 fue
obra de él, pero no gozaba por aquel entonces del prestigio
que ganara en su trayectoria médica. El Instituto había
Ganado notoriedad y era un lugar codiciado. En Julio de 1952, las
autoridades de aquel entonces, designan al Dr. Guillermo Belchor
Costa como Director, cargo que ocupa hasta el año 1955. Cirujano,
formado en la escuela de Finochietto, del que se recuerda su firme
autoridad. En su actividad se destacó en el campo de la proctología
con el que se formaron quienes posteriormente siguieron en el Hospital.
Amplió las instalaciones del Hospital, sobre todo el 3er.
piso con nuevas salas de operaciones y de internación.
Después de la revolución de 1955 asume como Director
el Dr. Marcelo Royer quien trae al Instituto gente joven y progresista
como los Dres. Pablo A. Mazure, Luis Colombato, Samuel Kohan y Mauricio
Schaier. Es de destacar que por iniciativa del Dr. Royer se da empuje
a la investigación clínica y de laboratorio. La colangiografía
transparietohepática se desarrolló en el Hospital,
pero esta técnica tuvo sus detractores entre sus pares por
el riesgo que significaba. Hoy esta técnica, mejorada, nos
viene como una novedad del extranjero y pocos recuerdan al pionero
que comenzó a realizarlas en la Argentina. Las desavenencias
entre el grupo de Royer y los que venían de la primera época
de Bonorino Udaondo fue la razón no escrita por la que el
grupo de Royer se alejó del Hospital.
En 1958 es designado director el Dr. Manuel Ramos Mejía quien
desarrolla una actividad clínica importante. Por este tiempo
el Ministerio implanta las becas con alojamiento, destinadas principalmente
a profesionales del interior, para la formación gastroenterológica
tanto en clínica como cirugía. Este es el antecedente
inmediato de lo que serían más tarde las residencias
médicas.
La historia que sigue es muy reciente, por lo que únicamente
señalaremos los directores del Hospital. Al jubilarse el
Dr. Manuel Ramos Mejía assume la dirección el Dr.
Pedro Cotella (1969-73), le sigue el Dr. Carlos Méndez (1973-76);
Victoriano D`Alloto (1976-78); Alfonso Marcelo Fraise (1978-85);
Aldo Augusto Copello (Int.) (1985-86) y el actual director Dr. Ramón
M. Pando.
La Institución recibió diversas denominaciones a través
del tiempo y de acuerdo a interpretaciones o influencias del momento:
comenzando por el de Dispensario Público Nacional para Enfermedades
del Aparato Digestivo; Instituto Nacional de Gastroenterología
(R.M. Nro. 700 del 22-1-47); Instituto Bonorino Udaondo (R.M. 2890
del 9-10-52); Instituto Regional de Gastroenterología (R.M.
4890 del 9-12-52); Centro de Gastroenterología (R.M. 3878
del 16-12-57); y su última designación Hospital Nacional
de Gastroenterología Dr. Carlos Bonorino Udaondo (R.M. 915
del 17-9-63) y se lo clasifica como establecimiento de 1ra. Categoría.
Largo sería de señalar las vicisitudes que debieron
soportarse por parte de intereses que querían el desmembramiento
o desaparición del Hospital. El prestigio ganado y el conjunto
de su personal formando una barrera invencible lo impidieron. Al
contrario, al ser disuelto el vecino Instituto del Tórax
y al considerarse la situación irreversible, el Hospital
de Gastroenterología ocupa el edificio instalando en el mismo
el area quirúrgica y consultorios externos (pabellón
B). El edificio primitivo pasa a ser el pabellón A destinado
principalmente a la internación clínica, diagnóstico
por imágenes, laboratorio y patología.
El Hospital Nacional de Gastroenterología, pese a ser un
Hospital monovalente, se ha sostenido a través del tiempo
por lo que es su mayor riqueza: la patología, destacable
por su número y variedad. Esto ha hecho, desde sus orígenes,
que fuera una Institución codiciada en la formación
de los gastroenterólogos. Puede decirse, con orgullo, que
hay un buen número de gastroenterólogos latinoamericanos
formados en el Hospital, y que no menos de la mitad de los que se
dedican a la gastroenterología en el país han pasado
por él, ya sea integrando sus filas de profesionales, o como
becarios, residentes, concurrentes o asistiendo a los cursos que
se dictan.
Hemos querido a través de esta breve historia de las primeras
décadas del Hospital, rendir un homenaje a todos los que
contribuyeron e hicieron posible esta obra: médicos, bioquímicos,
farmacéuticos, a la que se suma la valiosa labor de las enfermeras,
personal administrativo y de maestranza.
Para todos ellos el reconocimiento y el compromiso que nos compete
por el legado recibido.
Referencias
Este trabajo fue efectuado con datos obtenidos de los archivos del
Hospital y de la información suministrada especialmente por
los Dres. Arturo Richieri, Manuel Casal y Emilio Chattas, a quienes
agradecemos su colaboración.
Dr. Fernando
Galindo
Jefe de Cirugía
Docente Autorizado de Cirugía (U.B.A.)
Escrito en el año 1988 |
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